Conejo al ajillo, la receta de toda la vida de la abuela

Lo esencial 🐇

  • Conejo troceado dorado con ajos, vino blanco y caldo de pollo, a fuego lento
  • Pocos ingredientes, todos de despensa: ajo, aceite, sal y hierbas
  • La mitad de los ajos picados y la otra mitad enteros con piel, para no amargar
  • La carne queda tierna y el jugo, bien reducido, es de cuchara
  • Se sirve con patatas fritas caseras y pan para mojar

La receta de conejo al ajillo de la abuela es de esas de toda la vida que no necesitan lista larga ni pasos raros: pocos ingredientes, tiempo y paciencia. Se dora el conejo troceado hasta que coge color, se añaden los ajos dorados, un chorro de vino blanco y un poco de caldo, y se deja cocer a fuego lento hasta que el conejo esté bien tierno y la salsa se reduzca hasta quedar de cuchara.

El truco está en no tener prisa. El conejo al ajillo de la abuela se hace dorando el conejo troceado con ajos, añadiendo vino blanco y caldo, y dejándolo cocer a fuego lento hasta que la carne esté tierna y el jugo se reduzca. Con eso, y algún gesto que se explica más abajo, sale siempre bien.

Ingredientes para el conejo al ajillo de la abuela

La lista es corta y fiel a la que se usaba en casa: nada de ingredientes raros, solo lo justo para que el conejo quede sabroso y la salsa, con cuerpo.

  • 1 conejo troceado, de granja o de caza
  • 1 cabeza de ajos (unos 10 dientes): la mitad pelados y picados, la mitad enteros con piel
  • 200 ml de vino blanco y 200 ml de caldo de pollo
  • Sal, aceite de oliva y un chorrito de vinagre, este último opcional
  • Tomillo, romero y laurel
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Sobre la cantidad de ajo hay quien echa hasta dos cabezas enteras, pero con una cabeza (unos 10 dientes) el sabor queda bien marcado sin resultar excesivo, así que es la referencia más segura para empezar. El caldo de pollo tampoco es universal: existe una variante que se cocina solo con vino blanco, dejándolo reducir hasta que la carne se dora y la salsa espesa por sí sola, sin añadir caldo. Es una alternativa válida, no un error respecto a la receta con caldo.

Cómo hacer conejo al ajillo paso a paso

El orden importa tanto como los ingredientes. Primero se pochan a fuego suave la mitad de los ajos, pelados y picados, junto con la otra mitad enteros y con piel. En cuanto empiezan a coger color y sueltan aroma, se retiran y se reservan aparte: van a volver a la sartén más adelante, ya dorados.

En ese mismo aceite se dora el conejo. Conviene pasarlo antes por un poco de harina, sacudiendo el exceso, porque ayuda a sellar los jugos por dentro y da algo de cuerpo a la salsa. Se dora a fuego fuerte, por tandas si hace falta, hasta que todos los trozos tienen un color dorado bonito por fuera.

Con el conejo dorado, se añade el vino blanco y se deja evaporar el alcohol unos minutos, removiendo para despegar los jugos del fondo. Después se incorpora el caldo de pollo junto con los ajos que se habían reservado, y se deja cocer todo a fuego lento unos 15 minutos, hasta que el conejo esté tierno y el caldo se haya reducido casi por completo.

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Hacia el final se añade tomillo, romero o laurel al gusto, las hierbas que se tengan a mano. Y si en tu familia se hacía así, un chorrito de vinagre justo antes de apagar el fuego: es un paso tradicional pero opcional, no imprescindible para que el plato salga bien.

Trucos de la abuela para que el conejo quede tierno

Hay pequeños gestos que separan un conejo al ajillo correcto de uno que se recuerda. El primero es enharinar ligeramente el conejo antes de dorarlo: sella los jugos por dentro y, de paso, ayuda a que la salsa espese sola, sin necesidad de nada más.

El segundo tiene que ver con los ajos. Usar la mitad enteros y con piel, en vez de picarlos todos, aporta más sabor a la salsa sin que amargue, que es lo que suele pasar cuando se pica demasiado ajo y se deja dorar de más.

También influye el tipo de conejo. El de granja da una carne más tierna, que se hace en menos tiempo; el de caza es más sabroso pero también más duro, así que conviene alargar un poco la cocción a fuego lento para que quede igual de blando.

Y sobre el vinagre final: es un toque de casa, no una norma. Se añade solo si en tu familia se hacía así, porque da un puntito ácido que a unos les encanta y a otros les sobra.

Con qué acompañar el conejo al ajillo

Como manda la tradición, el acompañante de siempre son las patatas fritas caseras, doradas en dos tandas: primero a fuego suave para que se cocinen por dentro, luego a fuego fuerte para que cojan ese color dorado y ese punto crujiente por fuera.

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No puede faltar pan para mojar en la salsa de ajo y vino, que suele ser lo primero que desaparece del plato. Para acompañar la comida, un vino tinto sencillo va bien con el sabor del ajo y las hierbas.

  • Patatas fritas caseras, doradas en dos tandas
  • Pan para mojar en la salsa
  • Un vino tinto de mesa

Un detalle de familia 🍷

Los trozos más pequeños, como las costillas, se pueden comer con las manos, tal como se hacía siempre en las comidas familiares: nada de remilgos con el conejo al ajillo.

Con estos pasos y estos trucos, el conejo al ajillo de la abuela sale tierno, bien dorado y con esa salsa de cuchara que pide pan sin parar. Anímate a probarlo este fin de semana y recupera ese sabor de siempre en tu propia cocina.

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Giulia Esposito

Giulia Esposito nació y creció en Nápoles, entre el aroma del café en la Piazza del Plebiscito y las recetas que su abuela le enseñó en la cocina familiar. Hace 10 años se instaló en España, y en este blog comparte tanto las recetas italianas que la vieron crecer — pizza, pasta, postres — como los platos de la abuela española que ha ido adoptando como propios. Nápoles y España, en la misma mesa.

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